El Valle – Saleres

Situado a 560 metros de altitud, el pequeño y pintoresco pueblo de Saleres emerge río arriba desde Restábal, custodiado por las mansas aguas del río Santo. Este cauce recibe su nombre de la generosidad de su caudal, que fluye fiel incluso en los días más áridos del estío.

Curiosamente, los salereños se refieren a él como «el Albuñuelas», pues es de allí de donde nace. El río serpentea bajo la sombra de árboles centenarios y antiguos molinos de agua a los pies del pueblo, antes de seguir su camino hacia Restábal, donde, cerrando el círculo de la tradición local, pasa a llamarse río Saleres.

En este rincón de paz conviven unas 165 personas, cuya vida late al ritmo del campo. Sus manos, expertas y trabajadoras, cuidan con esmero cultivos de cítricos, almendros y olivos que dibujan el paisaje. El pasado andalusí de Saleres se respira en cada esquina; sus calles estrechas y empinadas invitan a perderse hasta alcanzar el barrio alto, desde donde se dominan vistas espectaculares sobre el valle.

Saleres es un refugio sin comercios, donde el silencio solo se interrumpe por el susurro del agua. Al pasear, es posible vislumbrar patios interiores que guardan, como tesoros, antiguos aperos de labranza heredados de generación en generación.

  • El casco histórico alberga la Iglesia de Santiago Apóstol, una joya de estilo mudéjar cuya torre, adornada con delicados azulejos, recuerda a la de la vecina Melegís. Pero el patrimonio de Saleres no es solo piedra: es también palabra. Los lugareños conservan términos únicos como “entangarillao”, “prevelicao” o “tapirojo”; vocablos con alma que solo un salereño puede explicar con precisión.

    Para los amantes de la historia, la Atalaya de Saleres (1.011 m) se alza como un vigía eterno. Construida durante la dinastía nazarí, esta torre formaba parte de una sofisticada red defensiva que conectaba visualmente con el castillo de Restábal y otras fortalezas del Valle, protegiendo estas tierras de antiguos invasores.

Para quienes buscan una experiencia refrescante y diferente, el Barranco de la Luna es una cita obligada. Este estrecho desfiladero ofrece una ruta de aqua-trekking única, donde el agua corre entre paredes de roca caliza. Es una aventura de 2,5 km que requiere destreza —trepando y sorteando rocas resbaladizas—, por lo que se recomienda precaución y equipo adecuado.

  • Recomendación: Nuestro socio Fernando organiza rutas guiadas para descubrir este cañón con total seguridad. Puedes consultar más información en Aqua Trekking Valle de Lecrín.

 

La vida social del pueblo alcanza su máximo esplendor durante La Función de Saleres (último fin de semana de octubre). Son las fiestas patronales en honor a Santiago Apóstol, donde la devoción religiosa se funde con fuegos artificiales, verbenas y comidas populares que reúnen a vecinos y visitantes.

 

Saleres se encuentra a solo 5 minutos en coche desde Restábal. Sin embargo, recomendamos realizar el trayecto a pie (unos 25 minutos) por el sendero que atraviesa bancales y terrazas de cultivo. Es un paseo suave que culmina con la recompensa de entrar en uno de los pueblos más auténticos y cautivadores del Valle de Lecrín.

Atalaya árabe de Saleres

Torre vigía del siglo XIII situada a 1.011 metros de altitud desde donde se domina todo el Valle de Lecrín. De planta circular, estaba comunicada en la antigüedad con la Atalaya de Cónchar y con los castillos de Restábal, Murchas, Moldújar, Nigüelas y Venta de la Cebada.

Iglesia de Santiago en Saleres

Su construcción se inició en la década de 1550 y se terminó en el año 1561. La portada es de Pedro de Berrueco. Fue incendiada en las revueltas moriscas y se reconstruyó el artesonado a fines del siglo XVI. Tiene una torre rematada con azulejos.