Situado a 560 metros de altitud, el pequeño y pintoresco pueblo de Saleres emerge río arriba desde Restábal, custodiado por las mansas aguas del río Santo. Este cauce recibe su nombre de la generosidad de su caudal, que fluye fiel incluso en los días más áridos del estío.
Curiosamente, los salereños se refieren a él como «el Albuñuelas», pues es de allí de donde nace. El río serpentea bajo la sombra de árboles centenarios y antiguos molinos de agua a los pies del pueblo, antes de seguir su camino hacia Restábal, donde, cerrando el círculo de la tradición local, pasa a llamarse río Saleres.